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“¡Igualdad o nada!”

El movimiento de BDS no está pidiendo nada heroico a las personas de conciencia, simplemente les pide que dejen de ser cómplices de la opresión.

El derecho de los palestinos a la igualdad no es ni negociable ni relativo. Es la condición sine qua non de una paz justa en Palestina y en la región. Como dijo una vez Edward Said, “¡igualdad o nada!”

Cualquier persona que apoye el derecho de autodeterminación palestino al tiempo que solo pide que acaben los 45 años de ocupación israelí de Gaza y Cisjordania, incluyendo Jerusalén Oriental, defiende solo la mayoría de los derechos de únicamente el 38% de los palestinos, mientras que espera que los demás acepten la injusticia como un sino. Según unas estadísticas de 2011, el 50% de los 11.2 millones de palestinos vive en el exilio, a muchos de ello se les niega su derecho estipulado por la ONU a retornar a los hogares de los que son originarios y un 12% son ciudadanos palestinos de Israel que viven bajo un sistema de “discriminación institucional, legal y social”, según el Departamento de Estado estadounidense. Más de dos terceras partes de los palestinos son personas refugiadas o desplazadas internas.

Iguales derechos para los palestinos significa, como mínimo, acabar con la ocupación y la colonización de Israel desde el año 1967, acabar con el sistema de discriminación racial de Israel y respetar el derecho de los palestinos a retornar a sus tierras de las que fueron limpiados étnicamente durante la Nakba de 1948. La campaña palestina de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) fue apoyada por una abrumadora mayoría de palestinos porque defiende estos tres derechos. Al apelar a las personas de conciencia de todo el mundo a que ayuden a acabar con el sistema de opresión israelíes basado en tres aspectos, el movimiento BDS no está pidiendo nada heroico, sino simplemente está pidiéndoles que dejen de ser cómplices de la opresión.

Por otra parte, dados los miles de millones de dólares que generosamente entrega Estados Unidos a Israel cada año, los contribuyentes estadounidenses están subvencionando las violaciones que comete Israel del derecho internacional en un momento en el que los programas sociales de Estados Unidos están sufriendo graves recortes. Esforzarse por acabar con la complicidad estadounidense en la ocupación es bueno para los palestinos y para el 99% de las personas que luchan por la justicia social y contra la guerra perpetua.

Trabajando en su aspecto global, el movimiento de BDS (dirigido por la mayor coalición de la sociedad civil palestina, el comité Nacional de BDS, BNC) se está extendiendo por todo Estados Unidos, especialmente en los campus y entre las Iglesias, y logrando victorias significativas, como en la Olympia Food Co-op. A nivel global, varias federaciones sindicales con millones de miembros, se han unido al movimiento BDS. Veolia y Alstom, dos empresas cómplices de la ocupación israelí, han perdido contratos por valor de varios miles de millones de dólares. Deutsche Bahn, una empresa de ferrocarriles controlada por el gobierno alemán, se retiró de un proyecto israelí que cercenaba tierra palestina ocupada. La Universidad de Johannesburgo rompió relaciones con la Universidad Ben Gurion debido sus las violaciones de derechos humanos. Destacados artistas mundiales (entre las que se incluyen recientemente Cat Power y Cassandra Wilson) han cancelado sus actuaciones en Israel al seguir el boicot cultural y transformar Tel Aviv en la nueva Sun City.

El movimiento de BDS defiende derechos iguales para todos y se opone a toda forma de racismo, incluyendo en antisemitismo. Este compromiso universalista ha ganado los corazones y mentes de todo el mundo, al tiempo que sembraba el pánico e intentos de hostigamiento al más alto nivel para aplastar el movimiento de BDS en Estados Unidos, como se ha visto en la conferencia nacional de BDS en la Universidad de Pensilvania y en la votación acerca del boicot a los productos israelíes celebrada en la cooperativa de alimentos de Park Slope, en la que casi el 40% votó a favor del BDS. Quizá a consecuencia de la fuerza que está adquiriendo el movimiento de BDS, el presidente Obama lo atacó por primera vez en su reciente comparecencia ante el AIPAC, con lo que se une a los muchos políticos estadounidenses cuya vehemente vilipendio del movimiento de BDS los sitúa en el mismo plano moral que aquellos estadounidenses que se opusieron al boicot del autobús en Montgomery y/o al boicot del apartheid sudafricano.

A causa del impresionante éxito en los campos económico y cultural, y al cada vez mayor impacto entre quienes apoyan a Israel, la clase dirigente israelí considera el movimiento de BDS una “amenaza estratégica” para su sistema de opresión (en concreto, la ocupación, el colonialismo y el apartheid). Esto explica la aprobación en el [parlamento israelí] Knesset de una draconiana ley anti-boicot el año pasado que hace caer la última máscara de la supuesta democracia de Israel. Pero han fallado estrepitosamente las campañas millonarias del ministerio de Exteriores de Israel para contrarrestar el movimiento de BDS “dando un nuevo impulso a la marca Israel” por medio del arte, la ciencia y utilizando cínicamente los derechos de las lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero [LGBT] para “dar un tono rosa” a la negación por parte de Israel de los derechos básicos de los palestinos.

Entre las figuras internacionales que apoyan el BDS, el arzobispo Desmond Tutu es una de las más elocuentes argumentando que Israel practica el apartheid. El Tribunal Russell sobre Palestina determinó recientemente en su sesión de Ciudad del Cabo que Israel está practicando el apartheid contra todo el pueblo palestino. De forma similar dirigentes cristianos de Sudáfrica han condenado el apartheid de Israel por ser “incluso peor que el sudafricano”. Y el editor de Haaretz, un influyente periódico israelí, describió recientemente la fanática ideología israelí de “apoderarse de la tierra y del apartheid”.

Con su continuo bloqueo en Gaza, su incesante construcción de ilegales colonias y del muro en la ocupada Cisjordania, con su “estrategia de judaización” en Jerusalén, Galilea, el valle del Jordán y el Naqab (Negev), con su adopción de nuevas leyes racistas y su negación de los derechos de los refugiados Israel ha emprendido una fase más beligerante en su intento por acabar con la cuestión palestina por medio de, literalmente, hacer “desaparecer” a los palestinos, como diría Edward Said.

Israel y sus bien engrasados grupos de presión, a los que Thomas Friedman acusa de comprar la lealtad en el Congreso [estadounidense], han estado tratando de deslegitimar la búsqueda por parte de los palestinos de derechos iguales afirmando que la insistencia en iguales derechos y en el derecho al retorno del llamamiento no violento al BDS tiene como objetivo “destruir Israel”. En caso de que la igualdad y la justicia destruyeran a Israel, ¿qué dice ello acerca de Israel? ¿Acaso la igualdad y la justicia destruyeron Sudáfrica? ¿Destruyeron Alabama? La justicia y la igualdad solo destruyen lo que es la negación de ellos: la injusticia y la desigualdad. El desafío eficaz del movimiento de BDS al apartheid israelí y a su régimen colonial aterroriza a Israel y a sus grupos de presión.

Desesperados por “salvar Israel,” esencialmente como un Estado de apartheid, y motivados por un auténtico temor a la desaparición del sionismo, los sionistas “liberales” se encuentran bajo una coacción excepcional dado lo rápidamente que se extiende el movimiento de BDS. Conocedores del atractivo que tiene para una cantidad cada vez mayor de activistas judíos más jóvenes, algunos de estos sionistas “liberales” están enredando las cosas sugiriendo un boicot que sea amistoso en relación a los sionistas para minar el movimiento. Pero el movimiento de BDS es un movimiento consecuente éticamente y basado en los derechos humanos que no puede coexisitir con ningún tipo de racismo, incluyendo el sionismo. ¡Un “BDS sionista” es tan lógico como una “igualdad racista”!

El movimiento de BDS aborda todos los derechos de los palestinos y no simplemente acabar con la ocupación israelí de algún territorio palestino densamente poblado para salvar Israel como un apartheid “más puro”. Incluso aquellas personas que solo buscan acabar con la ocupación, ignorando los derechos básicos de la mayoría de los palestinos, tienen dificultades para explicar su oposición a un boicot total a Israel, la potencia ocupante que, según el derecho internacional, es completamente responsable de la ocupación y de sus manifestaciones. El movimiento de BDS llama a boicotear a Israel exactamente igual que Sudáfrica fue objeto de boicots debido a su régimen de apartheid, China debido a su ocupación del Tibet y Sudán a sus crímenes en Darfur.

Con todo, el BDS no es un movimiento dogmático o centralizado, sino que es absolutamente creativo además de tener en cuenta cada contexto. Quienes apoyan el BDS en cada contexto particular deciden cuáles son los objetivos y cómo movilizar y organizar sus campañas locales. Mientras defienda los derechos básicos de todos los palestinos, los compañeros internacionales pueden decidir que su objetivo son solo ciertas compañías implicadas en la ocupación de Israel o sus colonias particular solo debido a consideraciones pragmáticas y no por que aprueben las demás injusticias de Israel.

No se puede derrotar o desvirtuar un movimiento que reside en la conciencia de los ciudadanos, que está arraigado en la herencia de lucha por la libertad de un pueblo oprimido y que se inspira en los ricos y variados legados de Nelson Mandela y de Martin Luther King, Jr.

Ha llegado nuestro momento sudafricano.

Nota del editor: Esta es la primera parte de un foro en dos partes sobre la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). La segunda se publicará la próxima semana.

 

Omar Barghouti (The Nation)
 
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.
 

 

Fuente: Rebelión