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El desastre neoliberal en Palestina

05/10/12

Daniel Moya

La economía palestina está en rumbo al colapso, siguiendo la dolorosa situación de las economías neoliberales de Occidente. Marchas y huelgas en las últimas semanas pronostican para esta segunda década del siglo XXI levantamientos de la gente común y corriente, aquellos que directamente sienten el peso de una economía neoliberal y deshumanizatne que atenta contra su dignidad.

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El neoliberalismo se introdujo en Palestina formalmente con el Protocolo de París, la sección que delineó protocolos económicos entre Israel y Palestina en los acuerdos de Oslo firmados en abril de 1994. Se suponía que el Protocolo de París era un paso inicial pero temporal hacia la esperada liberación de Palestina y la paz, pues la intención de los signatarios en representación del pueblo palestino era aprobar una etapa transitoria que duraría 5 años. Dieciocho años después, la economía palestina se encuentra en una posición de completa subordinación a este protocolo, y a las agendas neoliberales de Occidente, creando una economía totalmente dependiente no solo de Israel, sino de los gobiernos donantes de Occidente. El Protocolo de París fue un acuerdo que quiso ver a Palestina e Israel como actores económicos iguales, pero la gran desigualdad entre el imperio sionista y el pueblo oprimido palestino hizo de este tratado una atadura para continuar la dominación económica por parte de Israel y Occidente.

Los números no engañan. El precio de los productos básicos ha incrementado hasta en un 40% desde el 2007. El pan, por ejemplo, es un 31% más costoso hoy que hace cinco años; el azúcar y la harina, 20% más costoso; el precio del arroz ha incrementado un 48%, así como las frutas frescas (42%) y los vegetales (37%); la gasolina doméstica incrementó a un 44% comparado a hace cinco años. Otro elemento básico de la cuál toda sociedad debería tener libre acceso como derecho básico, la educación, es hoy en día 49% más costosa (la educación privada).

Al destruirse la economía nacional palestina a través de la expropiación masiva de tierras y control total de las fronteras por parte del régimen ocupante israelí, se destruye la idea de una Palestina libre. Un pueblo dependiente económicamente no es un pueblo libre. El 80% de los productos básicos son importados a través de la economía de Israel.

Situando esta realidad en el contexto global capitalista neoliberal, el cuadro se torna aún más obscuro, pues los precios del petróleo y de los alimentos a nivel internacional siguen incrementando por la crisis económica y por consecuencias del calentamiento global y sus efectos en la agricultura.

El Banco Mundial sacó recientemente un reporte que si bien demuestra la severidad de la crisis fiscal en la que se encuentra la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y la relaciona con el control del 60% de la tierra palestina por parte de Israel, aunque no lo llama “ocupación”, omite completamente la responsabilidad que tiene el Protocolo de París en crear esta desigualdad y crisis económica, y tristemente refuerza el paradigma neoliberal como medicina al cáncer que éste mismo ha infligido en el mundo.

El Banco Mundial, en su reporte, predica que la inversión privada y las donaciones de Occidente son necesarias para rescatar la economía, así como recomienda extraer los recursos naturales no-explotados.

En otras palabras, la receta del Banco Mundial es seguir reinando la economía palestina a través de la intervención económica de Occidente, la cual ha creado una industria de ONGs y agencias de “desarrollo” que imponen las agendas neoliberales de sus jefes donantes, ofreciendo lucrativos salarios para las secciones privilegiadas de la sociedad, muchos de estos extranjeros, mientras el resto de la población continúa desempleada y sin dinero para cubrir los gastos básicos. La ayuda internacional constituye más del 30% del producto interno bruto palestino, otorgando a Occidente un poderío político y económico que aplasta el derecho de auto-determinación del pueblo palestino.

El reporte también aconseja seguir explotando los recursos naturales aún cuando los científicos nos advierten que debemos parar estas políticas si queremos preservar la vida humana.

El Banco Mundial habla extensamente de la inversión privada, pero nunca habla de la inversión social. Al fin y al cabo, el grito de los palestinos es por mejores oportunidades económicas para vivir una vida digna con comida, salud y educación. Lo que se requiere es una inversión social, no una inversión para los pocos del sector privado como lo dicta el paradigma capitalista neoliberal y del cual las clases vulnerables se están rebelando en este siglo XXI.

Fuente: Palestine Network News/OICP