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Egipto, voces de mujeres contra el Estado de Sitio

05-07-2013

Revista Hincapié

El periodista acude con  certezas, sólidas y lineadas como las hojas de su bloc. Con líneas ya escritas. Es su labor añadir otras que las refuercen. Pero a veces… – ¿debieran ser todas las veces? –  las hojas, como la de los árboles caen para que nazcan otras. Es la proyección del documental Otra Noche En la Tierra, de un ciclo organizado en Bilbao por la Asociación Biladi bajo el tema Mujeres, Oriente Medio y Desobediencia Civil.

Otra Noche En la Tierra, de David Muñoz muestra el discurrir de una noche en diferentes taxis que como hormigas caóticas recorren El Cairo: en su interior, pulsión vital de mujeres con velo, sin velo, del Cairo barrial, decididas, necesitadas, de tumbar el designio tenebroso del régimen de Mubarak que culmina con las movilizaciones colectivas de la plaza Tahir. Y caen las certezas:  es más que activo el papel de las mujeres en el Egipto cuya bandera hondeó en la plaza madrileña de Sol como referente  tras el 15 M de 2011 de un mundo decidido a venir. Caen las certezas: ¿puede oírse el rugir de un pueblo en el testimonio que las personas dan de él en el asiento de los habituales taxis, frente a las crónicas salteadas de fuentes que son  tecnócratas y políticos?

El periodista va a traicionar su oficio: ahorrará palabras, reduciéndolas a la propia imagen ¿Alguien imagina que el corresponsal de The New York Times, por ejemplo, encabezara así una crónica: “algunos maridos y muchas esposas y jóvenes de El Cairo van a derrotar el régimen de los Mubarak, según se deduce del clamor popular vivido en los taxis y trasladado a este corresponsal por los taxistas con los que ha hablado a lo largo del día de hoy”. No era otra la caótica realidad de El Cairo y otras grandes urbes que recorrieron en la noche de aquellos tiempo lo que fue la primavera árabe. Ningún noble redactor, hacendado editor, y por supuesto, digno lector hubiera aceptado esa crónica. Ninguna otra hubiera y será más cercana a esa otra realidad, fuera de los testimonios de tecnócratas, politicastros, analistas y otras raleas de funcionarios y hacendados de un poder que se auto descompone.

La batalla diaria de la vida se libra en los lugares comunes. El documental de David Muñoz muestra que la común  gente que vive en esos lugares  cotidianos, se puso en común acuerdo. Amal Ramsis, cineasta egipcia, explica al periodista: “los taxistas reflejan la conciencia de la gente. Pudimos verlo en la etapa de la Junta Militar previa a las elecciones. Con coger un taxi, sabíamos los candidatos con más apoyos. En la actualidad todos los taxistas critican a los Hermanos Musulmanes, incluso aquellos que ponen música coránica”.

Para explicar lo que al periodista le asombra – cómo una mujer con velo integral puede discutirle al taxista escéptico la necesidad de rebelarse por la dignidad contra Mubarak -, Amal Ramsis da por hecho un hecho que no está considerado como tal en occidente: “nunca hemos discutido el papel de las mujeres en la Revolución. Hemos estado ahí desde el principio”. ¿No teníamos por cierto que la mujer en Egipto, y en general en los países árabes y persas son subpersonas? Y Ramsis devuelve al periodista un trozo roto de espejo: “¿es su sociedad machista?“. Lo es, ha de admitir el periodista. Y admitir que en Egipto algo es como no le cuentan los periodistas que cuentan cómo hemos de contar los demás cómo es la vida en El Cairo y otros lugares.

Egipto es una entelequia. ¿Qué nación con Estado no lo es? Este es el primer y no menor obstáculo a la hora de querer determinar cómo un país. Lo único posible es vivir con las personas que viven no en lo que se llama país, sino en sus lugares. Es lo que no hace el periodismo: hurgar la vida cotidiana para sacar de ella el valor de lo vivo. En su lugar ofrece la voz grisácea de oficinistas, especialistas, mandos y el resto de la cohorte que en torno a la corte del Estado no trabajan sino para simular la contravida.

El poder de los Hermanos Musulmanes se está fraccionando. “La participación en las elecciones fue del 38%”, cuenta Amal, “y la revolución está mucho más presente en las ciudades. pero en las zonas rurales podemos hablar de un apoyo a los Hermanos porque se dieron casos de votos a cambio de carne y arroz a al población. En el sur, con su red de tribus, hay fricciones y empiezan a perder con el apoyo del que contaban antes”.

La revuelta egipcia viene de lejos. Desde la huelga textil  en 2008 en Mahalla el Kubra, el delta del Nilo. Seis meses antes, se difunde la grabación de un interrogatorio a un detenido que muere a manos de la policía.

30 de julio

Desde que Morsi, con la escasa legitimidad de un 38% de participación – que ni siquiera de votos – es presidente, las protestas no cesan. El 30 de julio de 2013 tendrá lugar una jornada de lucha. La suma de lugares que es el país va tomando forma de ola. “El sector cultural empieza a moverse por los cambios en las instiruciones. Hay una campaña Rebélate que ha obtenido 9 millones de firmas. Son numerosos los detenidos diarios, entre ellos 400 menores en las cárceles de Morsi. Revistas y periódicos han sido suprimidos. Jóvenes torturados y numerosos desaparecidos. Sentimos que hemos retrocedido 40 años atrás”. Los militares, con el golpe del 3 de Julio pretenden adelantarse a una victoria callejera el 30 de julio.

El periodista vuelve a desorientarse cuando escucha a Arab Loutfi, libanesa establecida en Egipto desde 1981, periodista y cineasta: “Mubarak destruyó el Estado de Bienestar, la asistencia a las clases obreras. La clase media y la obrera sintieron que este no era su país, sometidos a medidas colonialistas”. ¿Dónde está escrito eso? En ningún lado. Una vez más, ¿lo sucedido supera al periodismo? La revolución, que no cesa, supone, en palabras de Loutfi “el deseo de la gente de recuperar su país“.

Para Arab, los Hermanos Musulmanes “antes de las elecciones eran un partido perseguido, no veían otras alternativas, clase media baja. Ahora la gente no acepta el discurso del Islam con el que Los Hermanos disfrazan su concepción imperialista. La revolución árabae está haciendo calar la idea, el sentimiento, de la necesidad de adoptar posturas políticas”.

Morsi cae días después de que el periodista hablara con Amal Ramsis. “Los musulmanes  fuera  de los Hermanos no están coordinados, mientras que Los Hermanos, sí, apoyados por el ejército y EEUU”. La realidad no es más que un invento útil. El golpe del ejército que aparta a un Morsi ya caído por la propia realidad no puede esconder lo vivo que late en todos los lugares de Egipto, en el que la voz y el grito de las mujeres hace de bandera de palabras. Para sorpresa ya no del periodista. Y todas esas voces comunes ahora frente a un Ejército que puede sumir en la noche de la tierra a Egipto.