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Palestina, un conflicto con dimensión de género

25-03-2013

Público

Elevados grados de inseguridad alimentaria, mayor dificultad en el acceso a la educación y a los servicios sanitarios, exposición frecuente y continuada a la violencia machista. Las cerca de dos millones de mujeres que viven en el territorio Palestino ocupado soportan, además de la ansiedad e inestabilidad propias de un conflicto que se prolonga ya durante décadas, dificultades añadidas ligadas a la condición de género.

“La situación de las mujeres en la franja de Gaza se encuentra muy limitada en la actualidad, tienen poco acceso a todo tipo de servicios, son objeto de violencia fuera y dentro del hogar y están invisibilizadas en sus comunidades”, señala la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), que durante los días 19, 20 y 21 de marzo organizó en la sede de Casa Árabe en Madrid unas jornadas para exponer esta problemática sobre el tablero de la acción humanitaria.

“Frecuentemente, los roles de hombres y mujeres se ven afectados de manera diferente en situaciones de conflicto, ocupación y postconflicto, lo cual tiene un efecto directo tanto en el ámbito público como en el privado“, añade la agencia.

En el caso de los territorios ocupados esta transformación de los roles tradicionales de hombres y mujeres presenta dos caras de la realidad bien contradictorias. Mientras que el alto número de hombres asesinados, heridos o encarcelados ha posicionado a las mujeres palestinas en un papel mucho más relevante en la asistencia y sustento familiar; esta misma circunstancia ha provocado un incremento de la violencia sexual, física y psicológica, sobre todo en el ámbito del hogar.

“Con el cambio de roles, muchos hombres se sientes desempoderados, estresados o deprimidos por su incapacidad para proveer a su familia de las necesidades más básicas”, asegura la UNRWA, que afirma que la mitad de las mujeres casadas en Gaza y el 75% de los niños y niñas ha manifestado haber sufrido malos tratos por parte de sus maridos o padres.

Aunque el acceso a la formación superior y al mercado laboral de las mujeres en los territorios ocupados es cada vez mayor (la tasa de desempleo femenino ronda el 50%), el sector de la cooperación coincide en señalar la persistencia de barreras ideológicas difíciles de atajar. En lo referente a la educación, por ejemplo, la mayoría de padres y madres afirman que no dejan a sus hijas asistir al colegio y la secundaria por criterios de género.

Factor clave en la respuesta a la crisis

Pese a estas dificultades, las mujeres en Palestina, tal y como ocurre en otros lugares del mundo, son también un elemento esencial a la hora de paliar las severas consecuencias del conflicto. Elisa Nieto, jefa de Unidad de Género de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), insiste en la necesidad de “superar la perspectiva de vulnerabilidad”. “Si las mujeres somos parte de la lucha, deberíamos ser parte también de la solución. Y en Palestina son un claro ejemplo, son mujeres en lucha y a pie de calle”, señala.

Sheri Ritsema, protection officer en las Oficinas de la Franja de Gaza de UNRWA, destaca el papel fundamental de las asociaciones y colectivos de mujeres palestinas que trabajan por visibilizar y dar a conocer sus derechos en un contexto que por las fuertes diferencias e ideas preconcebidas, las organizaciones humanitarias no siempre han sabido solventar. “Muchas veces hemos fracasado en nuestras políticas porque no hemos hecho las preguntas correctas a las personas correctas”, reconoce.

En cualquier caso, la importancia de orientar los proyectos de cooperación y ayuda humanitaria con una perspectiva de género parece algo evidente y vital para el trabajo de muchas organizaciones tanto en Palestina como en otros lugares con circunstancias parecidas.

“Cuando ponemos el control del presupuesto familiar en manos de las mujeres la supervivencia infantil aumenta un 20%. En aquellos países en los que la mujer no tiene acceso a la tierra o al crédito, los niños que sufren desnutrición son entre un 60 y un 80% más que en los que sí la tienen”, advierte Amador Gómez, director técnico de Acción Contra el Hambre en España. “No es posible hoy, basados en estas evidencias, pensar en la lucha contra el hambre si dejamos a las mujeres de lado”, sentencia.

Fuente: Lucía Villa para Público.es.